loader image

5G para algunos, 3G para otros: la brecha digital se profundiza

24 noviembre, 2025 | Ricardo Changala

La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) ha publicado el 17 de noviembre de 2025 su informe “Measuring digital development Facts and Figures 2025” (“Midiendo el desarrollo digital. Hechos y cifras 2025”), donde se documenta que, mientras aproximadamente 6.000 millones de personas (tres cuartas partes de la población mundial) utilizan internet, más de 2.200 millones de personas siguen sin acceso, sobre todo en países de ingresos bajos y medios.

Avances y desigualdades son dos aspectos presentes a lo largo y ancho del informe mencionado.

En la introducción del informe, el Dr Cosmas Luckyson Zavazava, director de la UIT, afirma que:

“Más del 96% de la población mundial está cubierta por una red de banda ancha móvil, lo que nos acerca al acceso universal. Sin embargo, muchos países de ingresos bajos todavía dependen principalmente de 3G, lo que limita lo que los usuarios pueden hacer en línea”.

Nos dice también que, si bien el acceso a internet sigue abaratándose, solo alrededor de dos tercios de las economías han alcanzado un nivel considerado asequible, ya que en los países de ingresos bajos y medios los servicios de internet superan la capacidad de compra de cerca de un 60% de las personas, lo que impide que se conecten o limita su capacidad de participar plenamente en la economía y sociedad digital.

Estas limitaciones de asequibilidad, junto con las brechas en la calidad del servicio, determinan quién logra conectarse y hasta qué punto puede participar.

A continuación, compartimos algunos de los datos incluidos en el informe.

La brecha digital mundial se reduce, pero el progreso se desacelera
En 2025, tres de cada cuatro personas en el mundo ya utilizan internet. Según los últimos datos internacionales, el 74% de la población está conectada, lo que supone un ligero aumento respecto al 71% registrado en 2024.

Sin embargo, más de 2.200 millones de personas siguen sin acceso, sobre todo en países de ingresos bajos y medios.

Conectividad: avances desiguales
La expansión de las redes móviles ha sido clave: el 96% de la población mundial vive en zonas con cobertura de banda ancha móvil. Aun así, muchos países de bajos ingresos continúan dependiendo de redes 3G, que limitan la velocidad y la calidad del acceso.

El despliegue de la tecnología 5G avanza, pero de forma muy desigual.

En los países de ingresos altos ya cubre al 84% de la población, frente al 4% en los países de ingresos bajos. Europa y Asia-Pacífico encabezan la cobertura, mientras que África y los Estados Árabes quedan muy rezagados.

Las redes 4G, en cambio, están ampliamente extendidas y cubren al 93% de la población mundial, aunque esta cifra se reduce drásticamente en áreas rurales y en países con menores ingresos.

Una brecha marcada por riqueza, territorio y género
El acceso a internet está estrechamente ligado al nivel de desarrollo económico. Mientras que el 94% de la población de los países ricos navega regularmente, en los países de ingresos bajos apenas lo hace el 23%.

También persisten importantes desigualdades entre zonas urbanas y rurales: el 85% de los habitantes de ciudades usa internet, frente al 58% de las personas que viven en áreas rurales.

La brecha de género sigue siendo una asignatura pendiente. A nivel global, los hombres tienen más probabilidades de conectarse y también de poseer un teléfono móvil.

En 2025 hay 280 millones más de hombres conectados que mujeres, una diferencia concentrada sobre todo en los países más pobres.

Suscripciones móviles en auge
En 2025 existen 9.200 millones de suscripciones móviles, superando en mucho al total de la población mundial.

La banda ancha móvil representa ya el 89% de todas las líneas móviles y continúa desplazando a los servicios centrados únicamente en voz.

Sin embargo, no todas las regiones avanzan al mismo ritmo: mientras en América hay 132 suscripciones de banda ancha móvil por cada 100 habitantes, en África solo hay 56.

El crecimiento de las suscripciones 5G también refleja estas disparidades: en Europa, América y Asia-Pacífico más del 40% de las líneas móviles ya son 5G, mientras que en África este porcentaje sigue siendo mínimo.

Asequibilidad, la gran barrera
Aunque los precios del acceso a internet han bajado, siguen siendo demasiado elevados para millones de personas.

En los países de ingresos bajos, una suscripción de banda ancha fija puede costar más de una cuarta parte del ingreso promedio mensual.

Incluso la banda ancha móvil —más accesible— continúa siendo hasta 22 veces más cara, en proporción al ingreso, que en los países ricos.

Conectividad universal
El camino hacia la conectividad universal avanza pero se ralentiza.

Las regiones con mayores limitaciones económicas siguen quedando atrás tanto en cobertura como en calidad y asequibilidad. La brecha digital, aunque se estrecha, continúa marcando profundas diferencias entre países, territorios, géneros y niveles de ingresos.

Tres de cada cuatro habitantes del planeta ya utilizan internet, una cifra que refleja un progreso sostenido.

Sin embargo, las diferencias entre países ricos y pobres siguen siendo profundas y condicionan quién puede acceder a servicios digitales avanzados y quién permanece limitado a conexiones de baja calidad.

El mapa desigual de la conectividad móvil
La cobertura de banda ancha móvil alcanza hoy al 96% de la población mundial, pero el tipo de red disponible varía drásticamente según el nivel de ingresos del país.

Mientras que la tecnología 5G cubre al 84% de la población en países de altos ingresos, en los de ingresos bajos apenas llega al 4%.

Esto significa que millones de personas solo pueden acceder a redes 3G, insuficientes para la mayoría de los usos actuales: educación en línea, telemedicina, servicios públicos digitales o incluso navegación fluida en plataformas modernas.

Las redes 4G, más extendidas a escala global, también reflejan esta brecha: aunque ofrecen cobertura al 93% de la población mundial, se reducen al 56% en los países más pobres, y todavía hay regiones donde persisten zonas sin ningún tipo de señal móvil.

Uso de internet y desarrollo
El acceso real —más allá de la cobertura— también depende del nivel de desarrollo económico.

En los países de ingresos altos, el 94% de la población usa internet; en los de ingresos bajos, solo el 23%.

Esta diferencia no solo se explica por la infraestructura, sino también por la asequibilidad: en los países más pobres, una suscripción de banda ancha móvil puede costar hasta 22 veces más, en proporción al ingreso, que en los países ricos.

Como consecuencia, la conectividad avanza, pero lo hace de forma más lenta en los lugares donde más impacto transformador tendría.

Urbanos conectados, rurales rezagados
En las áreas urbanas del mundo, el 85% de la población está conectada, frente al 58% en zonas rurales.

El desequilibrio se amplifica en los países de ingresos bajos, donde solo uno de cada siete habitantes rurales tiene acceso a internet.

Incluso en el despliegue de 5G, la diferencia es notable: las redes cubren el 89% de las zonas urbanas en países ricos, pero solo el 59% de las zonas rurales; en países pobres, prácticamente no hay cobertura 5G fuera de las ciudades.

Suscripciones móviles: abundantes pero desiguales
La banda ancha móvil ya representa el 89% de los 9.200 millones de suscripciones móviles, con notorias desigualdades: mientras que en la región de las Américas hay 132 suscripciones de banda ancha móvil por cada 100 habitantes, en África solo hay 56.

Asimismo, la adopción de 5G avanza rápido en Europa, América y Asia-Pacífico —donde más del 40% de las suscripciones ya usan esta tecnología—, mientras que en África y la CEI apenas llega a unos pocos puntos porcentuales.

Asequibilidad: el principal obstáculo pendiente
A pesar de que los precios tienden a bajar, el acceso sigue sin ser asequible para millones de personas.

En los países más pobres, un servicio de banda ancha fija puede costar más del 25% de los ingresos mensuales, y la banda ancha móvil sigue siendo demasiado cara para amplios sectores de la población.

Esto, junto con limitaciones en la calidad del servicio, explica por qué tantas personas permanecen desconectadas pese a vivir técnicamente bajo cobertura de red.

Hacia un futuro de conectividad más equitativa
Los avances existen y son significativos, pero no están cerrando las brechas, sino que, al contrario, parecen profundizarse.

La distancia tecnológica entre países ricos y pobres se mantiene e incluso se amplía en segmentos clave como el despliegue del 5G.

El reto global no es solo ampliar la infraestructura, sino garantizar que los beneficios de la digitalización lleguen a todas las regiones y comunidades.

Mientras algunos países comienzan a adoptar servicios basados en inteligencia artificial y redes ultrarrápidas, otros siguen esperando que la señal 4G —o incluso 3G— llegue a sus hogares.

El futuro digital, por ahora y al contrario de algunas previsiones optimistas, no se visualiza a favor de superar las notables desigualdades de desarrollo de personas, colectivos, países e incluso regiones. De mantenerse el actual rumbo, esas diferencias habrán de profundizarse.

Contar con datos sólidos es imprescindible para afrontar cambios relevantes. Lo demás tiene que ver con la voluntad política de quienes toman las decisiones y de la capacidad de incidencia del resto de las personas.