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Foto: Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China

De la Pax Silica a la Pax China

24 julio, 2026 | Ricardo Changala

En junio, la iniciativa de la Pax Silica y, en julio, la propuesta de una nueva organización mundial sobre la inteligencia artificial dejan poco margen para dudar sobre la enorme relevancia de la temática, no solo en lo tecnológico, sino, sobre todo, en lo geopolítico.

La coincidencia temporal tampoco es casualidad, ni menos lo es que los países promotores (EE.UU. y China) sean los contendientes por el dominio de la política y la economía global, incluyendo la tecnología digital en todas sus variantes.

La pregunta sería: ¿Es posible tener funcionamiento a plenitud y al mismo tiempo ambas estructuras?  ¿Están o estarán las naciones y organismos internacionales obligados a tomar partido por una u otra, o eventualmente por una tercera vía aún no existente?

Nace la WAICO

En el marco de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (WAIC), realizada en Shanghái en julio de 2026, se hizo el lanzamiento formal de un nuevo organismo internacional: la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (OMCIA o WAICO, por sus siglas en inglés).

En su discurso inaugural de la WAIC, el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, hizo expresa referencia a la propuesta de la nueva organización.

Luego de repasar hitos tecnológicos de la humanidad (la máquina de vapor, la electricidad, etc.), señaló que ahora estamos en una nueva etapa de la revolución tecnológica, con un ritmo sin precedentes, planteando problemas que deben resolverse, en particular, en un contexto en el que las brechas de acceso se amplían en lugar de reducirse.

Por ello, Xi Jinping sostiene que, desde el punto de vista de China, todos los países deben adoptar un enfoque centrado en las personas y desarrollar la IA para que sea positiva, beneficiosa y esté al servicio de la humanidad.

Entiende que la IA debe ser un motor de prosperidad compartida y seguridad común, para lo cual es necesario construir un sistema justo y equitativo de gobernanza mundial de la IA.

Para ello, Xi Jinping propone cuatro aspectos concretos:

  • el uso y fomento del código abierto para que los beneficios de la IA sean para todos;
  • regulación a través de normas jurídicas de aspectos como la supervisión y seguridad de la IA, asegurando que la IA esté siempre bajo control humano;
  • actuar con inclusividad dando espacio y participación a todas las civilizaciones y culturas diversas;
  • mejorar la gobernanza mundial por la vía del multilateralismo, que incluya el apoyo al sur global en el desarrollo de capacidades para reducir la brecha digital y de IA; promover el desarrollo sostenible y evitar crear nuevas injusticias históricas en la IA.

Recordaba el gobernante chino que, desde hace tiempo, su país ha promovido la adopción por consenso de la Resolución de la Asamblea General de la ONU sobre el Fortalecimiento de la Cooperación Internacional en la Creación de Capacidades en Inteligencia Artificial;  ha publicado el Plan de Acción para la Creación de Capacidades en IA para el Bien y para Todos;  ha anunciado la Iniciativa de Cooperación Internacional IA Plus y, ahora,  ha abogado por la creación de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (OMCIA).

Invocando dos expresiones tradicionales chinas (“Una sola cuerda no hace música, y un solo árbol no forma un bosque” y “El sabio se adapta a los cambios; el hombre de conocimiento actúa según las circunstancias”), Xi Jinping invitó a la acción concreta.

Considerando que la IA avanza a una velocidad vertiginosa, reclamó que su desarrollo sea positivo, beneficioso y esté al servicio de la humanidad.

Para ello, su supervisión y gobernanza deben ser precisas y eficaces, al tiempo que deben guiar siempre el desarrollo de la IA con la sabiduría humana y el consenso internacional, para que la IA pueda convertirse realmente en una fuerza poderosa que aumente el bienestar de la humanidad y haga avanzar la civilización humana.

De acuerdo con la declaración final de la conferencia, la WAICO —que tiene sede en Shanghái— es una organización internacional intergubernamental independiente que sigue los propósitos de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se adhiere al concepto de consultas extensivas, contribución conjunta y beneficios compartidos, y se apega al principio centrado en las personas.

Es la primera organización internacional intergubernamental dedicada a la inteligencia artificial.

Guiada por los principios de buena voluntad e inclusión, la WAICO tiene como objetivo apoyar a los países del sur global para acelerar el desarrollo de la inteligencia artificial, fortalecer sus capacidades integrales en innovación, aplicación y gobernanza, sumarse a la ola de la revolución tecnológica y reducir la brecha de inteligencia artificial.

Los principios fundamentales de la WAICO son:

  • seguir los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas,
  • respetar la soberanía y la diversidad de las civilizaciones de todos los países,
  • defender la igualdad y el multilateralismo,
  • adherirse al concepto de consulta, construcción conjunta y beneficios compartidos, y lograr beneficios mutuos y resultados beneficiosos para todos.

Representantes de 29 países firmaron el acuerdo y se transformaron en Estados miembros fundadores: Argelia, Bielorrusia, Brasil, Camboya, Camerún, China, Congo, Cuba, Etiopía, Indonesia, Kazajistán, Kenia, Kirguistán, Laos, Lesoto, Malasia, Mozambique, Myanmar, Nicaragua, Omán, Pakistán, Rusia, Senegal, Serbia, Sudáfrica, Tayikistán, Uzbekistán, Venezuela y Zambia.

Corresponde ahora que cada uno de esos países culmine sus procesos internos para la adopción de tratados a los efectos de dar vigencia al nacimiento de la WAICO.

El tratado queda abierto a la adhesión de todo Estado soberano, sin distinción de sistemas sociales, ni de modelos de valores políticos.

El secretario general de la ONU, António Guterres, representantes de otros países y organizaciones internacionales asistieron a la ceremonia.

Al hablar en la ceremonia de inauguración de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (WAICO) en Shanghái, Guterres calificó la IA como “la mayor oportunidad de la humanidad en el siglo XXI”, pero advirtió que también podría convertirse en “uno de sus mayores riesgos”.

El Secretario General de la ONU instó a los gobiernos y a las empresas tecnológicas a colaborar para garantizar que la inteligencia artificial beneficie a todos los países. Advirtió que sin cooperación internacional esta tecnología podría ampliar la desigualdad global en lugar de impulsar el desarrollo sostenible.

Un tercio de la humanidad sigue sin estar conectada, señaló, mientras que la potencia de cálculo, la experiencia técnica y la inversión siguen estando muy concentradas en un reducido número de países y empresas.

A menos que se aborden estas disparidades, la IA podría dar lugar a “mayores desigualdades y divisiones en materia de ingresos, oportunidades y seguridad”.

Guterrez calificó la estrategia china de desarrollo e innovación compartida como un enorme éxito global y también agradeció a China por su respaldo al Pacto Digital Global de la ONU adoptado en 2024 y su apoyo para que la Asamblea General aprobara por unanimidad resoluciones enfocadas en la creación de capacidades tecnológicas en el sur global.

“La tecnología que dará forma al futuro de la humanidad debe ser moldeada por toda la humanidad”, afirmó; luego subrayó que la gobernanza de la IA no puede ser gobernada por un puñado de países o empresas, por lo que “todas las naciones deben tener un asiento en la mesa de negociación”.

En clara sintonía con la fundamentación de la creación de la WAICO, Guterres planteó tres prioridades para garantizar que la IA beneficie a todos: ampliar la capacidad en los países en desarrollo, establecer normas internacionales de seguridad y hacer que la IA sea más sostenible desde el punto de vista medioambiental.

Para Guterres, los derechos humanos deben protegerse y los seres humanos deben mantener el control sobre toda decisión relevante.

Pax Silica

La iniciativa China se encuentra en las antípodas de la promovida por la actual administración de EE.UU., presentada bajo el nombre de “Pax Silica”.

Con esa denominación, que abarca distintas épocas históricas donde el dominio imperial de turno impuso su forma de paz sostenida con base en la fuerza y el poder, Washington promueve un consenso en materia de IA y seguridad de la cadena de suministro, entre aliados y socios de confianza.

Es decir, no se trata de crear un ente internacional con la lógica del multilateralismo, sino sumar países para apoyar y hacer posible el desarrollo de la IA a partir del control, dominio y beneficios de las tecnológicas privadas que tienen sede en el país del norte.

Justamente, el término “silica” proviene del lugar donde varias de las gigantes de la informática tienen sede: Silicon Valley, en California.

Su principal referente, Jacob Helberg, subsecretario de Asuntos Económicos, con notorio protagonismo previo en la empresa Palantir, explica, en el sitio oficial, que la soberanía digital es un concepto que debe dejarse de lado.

Según Helberg, ese concepto es “retrógrado y contraproducente”, pues un mundo de naciones soberanas que construyeran sus propios ecosistemas de IA sería “un planeta de clones a escala reducida, cada uno reconstruyendo heroicamente el avance del año anterior mientras este mismo avanza sin ellos”. 

La iniciativa claramente se enfrenta a las propuestas de la ONU, del Vaticano y, en general, a toda acción reguladora sobre la tecnología digital, como la entidad internacional que Pekín propone crear.

En particular, los países que se suman a esta iniciativa se comprometen a:

  • Impulsar proyectos para abordar conjuntamente las oportunidades y vulnerabilidades de la cadena de suministro de IA en: minerales críticos prioritarios, diseño, fabricación y empaquetado de semiconductores, logística y transporte, computación y redes de energía y generación de energía.
  • Buscar nuevas empresas conjuntas y oportunidades de coinversión estratégica.
  • Proteger las tecnologías sensibles y la infraestructura crítica del acceso o control indebido por parte de países que suscitan preocupación.
  • Construir ecosistemas tecnológicos fiables, que incluyan sistemas de TIC, cables de fibra óptica, centros de datos, modelos fundamentales y aplicaciones.

Hasta el momento, se han sumado a la iniciativa los siguientes países: Argentina, Australia, Chile, Costa Rica, El Salvador, Finlandia, Alemania, Grecia, India, Israel, Japón, Kazakstán, Países Bajos, Noruega, Panamá, Filipinas, Qatar, República de Corea, Singapur, Suecia, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido. También forman parte la Unión Europea y Taiwán, a pesar de no ser un país reconocido por las Naciones Unidas.

En una nota del 26 de junio publicada en el sitio oficial, el Subsecretario da la bienvenida a los países del hemisferio que manifestaron su interés en sumarse a la Pax Silica: Argentina, Chile, Costa Rica, El Salvador y Panamá.

Detalla los aportes que, a su entender, cada uno de estos países brinda al proyecto, que “…representan el conjunto diverso pero complementario de capacidades, que abarcan desde minerales y manufactura avanzada hasta logística, infraestructura y servicios digitales, que sustentan la seguridad económica global y la resiliencia de las cadenas de suministro”. 

Según Helberg:

  • Panamá tiene una de las zonas francas más grandes mundo;
  • Costa Rica tiene una economía exportadora de instrumentos de precisión, semiconductores con un nivel de mano de obra adecuado para el nearshoring (relocalización de la producción norteamericana en países cercanos);
  • Argentina posee una de las reservas más grandes del mundo de litio y reservas no convencionales de petróleo y gas, que ofrecen oportunidades de diversificación energética y de cadena de suministro a largo plazo;
  • Chile posee una de las mayores reservas de litio y produce el 25% del cobre mundial, un metal crítico para la infraestructura eléctrica y los semiconductores;
  • El Salvador es cada vez más atractivo para la manufactura ligera y las operaciones de ensamblaje, pues ofrece a las empresas estadounidenses una alternativa de bajo costo y geográficamente próxima a la producción asiática.

La mera lectura de la nota de bienvenida deja claro el rol de los países participantes en esta iniciativa: no son aliados en igualdad de condiciones sino suministradores de productos, minerales, materias primas necesarias para ser usadas por parte de las empresas tecnológicas radicadas en EE.UU., las que —según los datos difundidos— cuentan con casi el 40% de la totalidad de centros de datos del mundo y  alrededor del 75% de la capacidad de procesamiento mundial para desarrollar, entrenar y ejecutar todas las tareas necesarias para el desarrollo a gran escala de la IA.

Este tipo de propuestas, que ya son acciones concretas en curso, han llevado a catalogar la situación como nuevo colonialismo, sobre la base de cuatro aspectos básicos:

  • Reclaman recursos que no son suyos.
  • Explotan una cantidad extraordinaria de mano de obra.
  • Controlan la narrativa sobre lo que están haciendo, en especial sobre las capacidades de sus tecnologías.
  • Asumen la narrativa de llevar a cabo una misión civilizadora para traer progreso y modernidad a la humanidad.

Cruce de caminos

Observadas desde una perspectiva global, se trata de dos iniciativas opuestas en la forma de presentarse, en las opciones organizativas que seleccionan y, lo más importante, en las vías de abordaje de la IA que promueven.

China, coherente con su política de hace años, busca desarrollar o fortalecer los ámbitos multilaterales existentes (sistemáticamente enfrentados por EE.UU.) o, como en este caso, la creación de un nuevo ente internacional, pero insistiendo en su relación con la Organización de las Naciones Unidas, en sus principios y valores.

Al contrario, la iniciativa de la Pax Silica, también en línea con múltiples decisiones asumidas por la actual administración en Washington DC, se opone a la ONU, no solo en los aspectos organizacionales o de gobernanza, sino en su orientación y principios, como los contenidos en el Pacto Digital de 2024, que el Subsecretario de Asuntos Económicos expresamente cuestiona.

Técnicamente, un país puede pertenecer a ambas iniciativas o no ingresar a ninguna, como ocurre actualmente.

Pero, políticamente, el devenir de los acontecimientos habrá de dejar cada vez menos lugar para la equidistancia o la neutralidad, porque es notorio que habrá de tomarse decisiones o promoverse acciones que se opongan a una u otra de las iniciativas comentadas.