loader image

Libros contra bombas

23 diciembre, 2025 | Ricardo Changala

Las autoridades de Estados Unidos lanzan bombas contra pequeñas embarcaciones en la zona del Caribe y el océano Pacífico, cerca de las costas latinoamericanas, y al mismo tiempo se prohíben libros en escuelas y bibliotecas.

Esa puede ser una breve síntesis de noticias conocidas a mediados de diciembre de 2025.

El país otrora cofundador del sistema internacional basado en normas, promotor de los derechos humanos y las libertades civiles en el mundo, hoy se destaca por su evidente violación de estas mismas normas, principios, derechos y libertades.

Muerte en el mar

El 17 de diciembre, el Comando Sur de EEUU comunicó que, bajo la dirección del secretario de Guerra, Pete Hegseth, realizó en aguas internacionales lo que denominó un “ataque cinético letal” contra una supuesta ‘narcolancha’ operada por “una organización terrorista designada”. Cuatro personas habrían muerto en la operación.

Difícil que los hechos mencionados puedan catalogarse de una forma distinta que ejecución extrajudicial.

Este es un episodio más de los tantos que han cobrado más de 90 vidas (según los propios informes de Washington) en el contexto de un inmenso despliegue militar que se mantiene desde agosto, justificado como acciones de combate contra el narcotráfico, aunque sin datos ni evidencias que sostengan estas acciones.

Aunque diversas voces de la ONU e incluso informes previos de la misma DEA (Drug Enforcement Administration – Administración para el Control de Drogas) señalan que ni Venezuela ni el mar Caribe forman parte de la ruta principal para el narcotráfico hacia suelo estadounidense, las acciones no solo se mantienen sino que se profundizan, incluyendo el bloqueo contra buques petroleros y la denominación de la actual administración de Caracas como “organización terrorista extranjera”.

Libros prohibidos

Coincidiendo temporalmente con esos hechos, la organización PEN América (capítulo estadounidense de la organización no gubernamental PEN International, defensora de la libertad de expresión desde hace más de 100 años) publicó su informe en línea “La normalización de la prohibición de libros” (The Normalization of Book Banning), en el que documenta una situación extremadamente preocupante[1].

El informe afirma que nunca se habían retirado sistemáticamente tantos libros de las bibliotecas escolares de todo el país, ni se habían aprobado regulaciones para facilitar la prohibición de libros, ni tantos políticos habían intentado presionar a los directores escolares para que censuraran textos según sus preferencias ideológicas.

La organización registró más de 23 mil incidentes de este tipo desde julio de 2021, aunque solo entre julio de 2024 y junio de 2025 identificó 6.870 casos de censura en 45 estados del país.

Señala que son cuatro años consecutivos de una campaña sostenida para prohibir libros en el sistema educativo estadounidense.

Para el año escolar 2024-25, el informe da cuenta de tres tipos de prohibiciones de libros escolares:

Aquellos “prohibidos”, que incluye libros que han sido completamente prohibidos; otros “prohibidos en espera de investigación”, que incluye libros que están pendientes de una revisión para determinar qué restricciones, si las hay, implementar en ellos; y “prohibidos por restricción”, que incluye restricciones de nivel de grado o nivel escolar o libros que requieren permisos de los padres.

Estos hechos no se produjeron de un momento a otro sino que tienen causas históricas.

Una gran cantidad de personas y grupos conservadores han aplicado tácticas consistentes y coordinadas contra las escuelas públicas y la democracia, impactando en la comunidad literaria y en el país en general.

Por ejemplo, desde 2022, en las escuelas de Florida está prohibido discutir sobre componentes racistas en la historia de Estados Unidos. Ello ha sido ordenado por el gobernador Ron De Santis, quien afirmó que en ese estado no hay lugar para el adoctrinamiento o la discriminación.

Con la nueva administración federal que comenzará en enero de 2025 la situación se agravó, ya que, con el pretexto de devolver la educación a los padres, el presidente Trump emitió una serie de órdenes ejecutivas (OE), entre ellas, las denominadas “Poner fin al adoctrinamiento radical en la educación”, Defender a las mujeres del extremismo de la ideología de género” y “Poner fin a los programas y preferencias gubernamentales radicales y derrochadores de Diversidad, Equidad e Inclusión – DEI”.

Entre las publicaciones retiradas o prohibidas hay varias obras latinoamericanas ampliamente conocidas, como Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez; La casa de los espíritus, de Isabel Allende, o Como agua para chocolate, de Laura Esquivel.

También se vetaron libros de no ficción, como biografías de Frida Kahlo y Celia Cruz, así como Una historia afroamericana y latina de los Estados Unidos, de Paul Ortiz.

El informe sostiene que los ataques a los derechos de los estudiantes y a las instituciones educativas son síntomas de una enfermedad mucho mayor: el desmantelamiento de la educación pública y el retroceso de la democracia.

Promoviendo la lectura

Mientras en USA se prohíben libros y se bombardean pequeñas lanchas matando a sus tripulantes, los países de América Latina —que no han tenido capacidad de reaccionar de forma conjunta a la amenaza militar en el Caribe— han coordinado una acción cultural altamente destacable:

El 17 de diciembre de 2025, se lanzó una iniciativa del Fondo de Cultura Económica (FCE) coordinada entre varios gobiernos de la región para fomentar la lectura entre jóvenes latinoamericanos. La campaña, que se denomina “25 para el Veinticinco”, implica la entrega gratuita de dos millones y medio de libros fundamentales para la literatura latinoamericana.

Los títulos obsequiados son:

Juan Gelman — Cómo tirar contra la muerte.

Nona Fernández — Space Invaders.

Manuel Rojas — El vaso de leche y otras historias.

Raúl Zurita — Poemas.

Piedad Bonnett — Los privilegios del olvido.

Gabriel García Márquez — Operación Carlota.

Roberto Fernández Retamar — Poemas.

Miguel Donoso Pareja — La muerte de Tyrone Power.

Roque Dalton — Las historias prohibidas de Pulgarcito.

Dante Liano — Réquiem por Teresa.

Alaíde Foppa — Vientos de primavera con prólogo de Elena Poniatowska.

Miguel Ángel Asturias — Week-end en Guatemala.

Carlos Montemayor — Guerra en el paraíso.

Fabrizio Mejía Madrid — Disparos en la oscuridad.

Adela Fernández — Duermevelas.

Guadalupe Dueñas — Cuentos.

Amparo Dávila — Música concreta.

Sergio Ramírez — El zorro.

José María Arguedas — Agua.

Blanca Varela — Canto villano.

Eduardo Galeano — La maravillosa vida breve de Ernesto Guevara.

Mario Benedetti — Geografías.

Luis Britto García — Habla palabra.

Osvaldo Bayer — Los anarquistas expropiadores.

Juan Carlos Onetti — Cuentos.

Andrés Caicedo — El atravesado.

Eduardo Rosenzvaig — Mañana es lejos.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y sus colegas Nicolás Maduro, de Venezuela; Gustavo Petro, de Colombia, y Bernardo Arévalo, de Guatemala, así como el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kiciloff, presidieron los eventos en Ciudad de México, Caracas, Bogotá, Quetzaltenango y en Ciudad de la Plata, respectivamente.

Al mismo tiempo, la entrega de libros se llevó a cabo también en sedes del Fondo de Cultura Económica en las ciudades de La Habana, en Cuba; Lima, Perú; Santiago de Chile; Montevideo, Uruguay; Quito, Ecuador, y Tegucigalpa, Honduras.

En el parque Benito Juárez, de la ciudad de Quetzaltenango, el mandatario de Guatemala presidió la entrega de libros de la colección de autores y autoras latinoamericanas.

Afirmó que se trata de una iniciativa cultural que enlaza a los pueblos de América Latina y que quedará marcada en la conciencia colectiva de sus pueblos.

Por su parte, el presidente Petro aseguró en Bogotá que cuando la cultura y la educación retroceden, la violencia se profundiza.

En Ciudad de México, ante la presencia de la mandataria Claudia Sheinbaum, Paco Ignacio Taibo II, director del FCE, sostuvo que frente a la violencia que se propone desde el norte, los países latinoamericanos responden regalando libros.

De acuerdo con sus promotores, la colección se concibe como una profunda intervención cultural en la memoria de América Latina, pues cada texto ayuda a entender mejor los acontecimientos relevantes del continente, las luchas sociales; vale decir que es una suerte de promoción de la memoria como acto de resistencia cultural.

En especial, se pretende fomentar el gusto por la lectura y la comprensión del pasado en adolescentes y jóvenes de la región.

En medio de la violencia interna y externa, de la negación de la historia, que es lo mismo que negar el presente, la literatura es imprescindible contra la ausencia, contra el olvido, como escribía el poeta Gelman, uno de los autores incluidos en la colección:

A este oficio me obligan los dolores ajenos,

las lágrimas, los pañuelos saludadores,

las promesas en medio del otoño o del fuego,

los besos del encuentro, los besos del adiós,

todo me obliga a trabajar con las palabras, con la

sangre.

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,

rostros oscuros los escriben como tirar contra la

muerte.

[1] https://pen.org/report/the-normalization-of-book-banning/#heading-10