El territorio indígena Térraba, en Puntarenas, Costa Rica, abrió sus puertas el 24 y 25 de julio de 2026 para celebrar el Festival Saberes: Filomena Navas, un encuentro en el que se desarrollaron diversas y enriquecedoras actividades.
Filomena Navas Salazar, lideresa indígena del pueblo Bröran, nacida en 1926, fue declarada Benemérita de la Patria en marzo de 2026 por la Asamblea Legislativa, un acto de justicia histórica que destacó su papel en la protección del territorio indígena, la preservación del conocimiento ancestral, y la participación política y comunitaria en la Costa Rica del siglo pasado.
El festival fue el punto de encuentro de diferentes Pueblos Indígenas, pues, además del pueblo Bröran como anfitrión, participaron indígenas de los territorios de Salitre, Boruca, Alto de San Antonio, Rey Curré, Cabagra, China kichá, entre otros.
En el evento se realizaron diferentes actividades, desde danzas y música tradicional hasta artesanías y gastronomía local. Asimismo, se llevaron a cabo conversatorios, talleres y un cineforo. En definitiva, fue un espacio que hizo honor a su nombre, “Saberes”, al permitir a los participantes compartir y aprender.
Un elemento destacado fue el papel de las mujeres indígenas como protagonistas del cambio comunitario en términos de liderazgo local, prevención de la violencia de género, recuperación de saberes ancestrales en medicina tradicional, lenguas, cultura, así como soberanía alimentaria.
Conversatorio “Experiencias y desafíos” sobre acceso a la tierra y acción comunitaria con lideresas indígenas
El encuentro reunió a mujeres indígenas de distintos territorios para reflexionar sobre sus realidades y compartir propuestas en torno a tres preguntas motivadoras: los obstáculos que enfrentan, el reconocimiento de su trabajo en las comunidades y las posibles alianzas entre mujeres.
En la actividad participaron Johanna Lázaro, de Boruca; Yadith Chinchilla, de Cabagra, y Eliza Rodríguez, de Alto de San Antonio. La reflexión final estuvo a cargo de Elides Rivera Navas, Bröran, de la organización Mano de Tigre.
Las mujeres indígenas explicaron que uno de los principales obstáculos en sus comunidades es la falta de reconocimiento y apoyo a su voz y liderazgo. Indicaron que en territorios como Cabagra, el emprendimiento femenino históricamente careció de apoyo y tampoco se brindan capacitaciones para fortalecer sus conocimientos tradicionales.
Se denunció que quienes intentan alzar la voz suelen enfrentar intentos de silenciamiento, lo que refleja un entorno marcado por la falta de respaldo comunitario e institucional hacia las mujeres que buscan participar activamente en la vida social y cultural. A pesar de ello, las mujeres se organizaron para revertir esta situación.
Otro constante desafío es el acceso limitado a la educación y a las oportunidades económicas. Las mujeres jóvenes enfrentan trabas burocráticas y falta de información para ingresar a la universidad o seleccionar ciertas carreras. También se mencionó que, al solicitar créditos para proyectos productivos, se les niega por no contar con garantías hipotecarias en territorios indígenas. Esta situación revela una discriminación estructural que limita el desarrollo de iniciativas propias y el acceso a recursos institucionales de apoyo a proyectos sostenibles.
De igual manera, la participación política y comunitaria se ve restringida por la persistencia del machismo en los territorios. En muchas estructuras, el mando continúa en manos de los hombres, lo que dificulta que las mujeres puedan incidir en la toma de decisiones.
Asimismo, se dio a conocer que, aunque las mujeres participan en talleres y reciben formación, hay falta de seguimiento. A esto se añade que, en muchas ocasiones, se identifican necesidades puntuales, pero no se concretan. En otros casos, aunque ellas tienen los conocimientos, no siempre cuentan con certificaciones formales requeridas para acceder a recursos o programas de apoyo. Esta exclusión refuerza la desigualdad y deja a las mujeres en una posición de vulnerabilidad frente a las instituciones públicas.
Por otra parte, las mujeres resaltan la importancia de rescatar la cultura, fortalecer la transmisión intergeneracional y crear alianzas que permitan sostener la identidad indígena frente a la discriminación y la falta de apoyo institucional.
Estas experiencias muestran cómo las políticas de desarrollo deben diseñarse con pertinencia étnica y garantizando la participación de los Pueblos Indígenas.
Trabajo comunitario y su reconocimiento
Las mujeres indígenas relatan que gran parte de su trabajo cotidiano se desarrolla en las fincas y en pequeños emprendimientos, como la producción de jabones, velas o artesanías. Sin embargo, estos esfuerzos suelen desaparecer por falta de apoyo para su promoción; aseguran que “no tienen un respaldo, … que les haga propaganda, que les ayude a fomentar más el negocio o reconocer lo que invierten”.
Otro aspecto señalado es la invisibilización del trabajo doméstico. Se menciona que ser ama de casa no se reconoce como labor, pese a que implica una carga constante y esencial para la vida comunitaria. A esto se suma la falta de reconocimiento a las mujeres que producen en el campo o que desarrollan actividades gastronómicas y de medicina tradicional.
Como se manifestó en el diálogo, “si el trabajo no tiene etiqueta, no vales”. Esta exigencia de formalidad y marca comercial deja fuera a muchas mujeres que sostienen la cultura y la economía local con sus conocimientos tradicionales.
Finalmente, las participantes subrayaron que el trabajo artesanal y cultural, como la elaboración de bolsos, vestidos o productos con fibras naturales, enfrenta la desvalorización. “Si hago un bolso y lo vendo a cincuenta, dicen ‘no vale eso’, pero no saben cuánto nos cuesta: es el trabajo que nosotras hacemos y son insumos naturales”, cuestionó una de ellas.
La falta de tierras para sembrar y la concentración de recursos en manos de personas no indígenas agravan la situación, limitando las posibilidades de ampliar la producción.
Las experiencias expuestas muestran que el trabajo de las mujeres indígenas es vital para la comunidad, pero sigue siendo poco reconocido y escasamente apoyado a nivel institucional y también de los consumidores.
Educación y tecnología en los territorios indígenas
El uso de la tecnología se ha convertido en una herramienta fundamental para la vida cotidiana y el acceso a la información. Sin embargo, también puede generar impactos negativos cuando no se utiliza de manera adecuada o cuando se replican prácticas que no son culturalmente apropiadas para los territorios indígenas.
Uno de los temas citados es la necesidad de fortalecer los procesos de capacitación en derechos de las mujeres y derechos humanos. Muchas veces, el desconocimiento limita la capacidad de exigir lo que corresponde. Se mencionó que, en ocasiones, las instituciones públicas tratan a las personas con desdén o violencia verbal, y por falta de información las mujeres aceptan esas situaciones sin reclamar sus derechos.
La brecha digital es otro desafío evidente. Aunque en los territorios se instalan antenas de telecomunicaciones, el acceso a un servicio de internet adecuado sigue siendo limitado. Para contar con una conexión de calidad, las comunidades deben recurrir a proveedores privados, lo que genera desigualdad y exclusión. Esta situación se repite en territorios como el Bribri, Cabagra y otros en la región.
La reflexión de las mujeres indígenas apunta a que la educación tecnológica debe ir acompañada de un enfoque culturalmente pertinente y de un acceso real a servicios de calidad. Solo así la tecnología puede convertirse en una herramienta educativa, de mercadeo, de defensa de derechos y no en un nuevo factor de discriminación.
Alianzas entre mujeres indígenas y acompañamiento institucional
Las mujeres indígenas hicieron hincapié en que la construcción de alianzas requiere unidad entre los distintos territorios. Dijeron que “las comunidades indígenas son 24 territorios… tenemos que ser capacitadas y tenemos que ser unidas”. La idea de trabajar juntas y con apoyo institucional es vista como condición indispensable para que los Pueblos Indígenas puedan desarrollarse y acceder a las oportunidades educativas, económicas y sociales.
En el diálogo también se destacó la importancia de fortalecer redes de mujeres emprendedoras. Una participante expresó: “Qué lindo sería hacerlo, pero más grande, a nivel nacional… que todos los emprendimientos se puedan ofrecer tanto aquí en la región del sur, como allá en Talamanca”.
Estas experiencias evidenciaron que las ferias y encuentros son espacios valiosos para compartir productos, servicios y conocimientos, y que podrían convertirse en estrategias para visibilizar el trabajo de las mujeres indígenas en todo el país.
Para finalizar, se subrayó el valor de compartir saberes y experiencias entre territorios. Aseguraron que “eso es bueno porque uno va teniendo más conocimiento e intercambio de saberes”.
La transmisión de experiencias de recuperación de tierras, de protección de nacientes y de fortalecimiento cultural fue vista como una forma de empoderar a más mujeres y de crear vínculos sólidos entre comunidades. Estas alianzas, basadas en respeto y apoyo mutuo, son consideradas esenciales para avanzar en la defensa de derechos y en la construcción de un futuro más justo para los Pueblos Indígenas.
Elides Rivera Navas enfatizó que estas alianzas deben ir acompañadas de apoyo institucional para enfrentar la violencia y el machismo persistente en los territorios. Recordó que “nosotras, como mujeres, tenemos que acompañarnos, ser vigilantes, ser proactivas hacia las otras compañeras”. Luego de asegurar que defender a las mujeres agredidas implicaba riesgos personales, relató: “Un día, le tiraron una pedrada[a una persona]porque estaba defendiendo a una señora de la comunidad de la violencia de su marido”.
Su reflexión concluyó que el acompañamiento institucional es indispensable para que las mujeres indígenas puedan empoderarse y salir de los nudos de violencia que aún persisten.



