Este martes 24 de marzo se llevó a cabo en Argentina una jornada de movilización, al cumplirse 50 años del golpe de Estado de 1976. Dejando de lado las diferencias, múltiples colectivos sociales se dieron cita en la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, así como en las diferentes provincias.
Cada 24 de marzo es feriado en Argentina, donde se conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. En este caso, las autoridades decretaron que el lunes también fuera feriado con la finalidad, según fue expresado, de fomentar el turismo.
Ese fin de semana la popular calle Corrientes era un hervidero de gente producto de la multiplicidad de espectáculos, tanto en salas como en la propia avenida convertida en peatonal.
El lunes, la Plaza de Mayo comenzó a vestirse con las pancartas de las distintas organizaciones sociales y políticas, y allí tuvo lugar una vigilia, donde también hubo espectáculos artísticos, junto a mesas de expositores en las que se abordaba la problemática que vive el país en diferentes áreas y aspectos.

Las dificultades que enfrentan los jubilados y jubiladas que semanalmente manifiestan su descontento con los haberes que perciben y con los beneficios sociales que les fueron quitados o retaceados, aun cuando han sido apaleados por las fuerzas de seguridad, estuvieron también en estas exposiciones.
Algo similar ocurrió con los trabajadores y trabajadoras despedidas de empresas estatales y con quienes quedaron sin su fuente laboral producto del cierre de empresas privadas. Los recortes en la educación fueron expuestos con la crudeza que el momento demuestra.
La temática de estas exposiciones abarcó la preocupación por la degradación del medio ambiente, en particular en diversas zonas del territorio argentino.
Recordemos simplemente algunos puntos.
En el Norte, la zona conocida como Gran Chaco, que abarca precisamente al Chaco pero también a Santiago del Estero, Formosa y Salta, se vive una emergencia forestal del país. Se trata de una de las 10 regiones más desforestadas del mundo, lo que impacta directamente a comunidades indígenas que dependen del bosque para su subsistencia y para la producción que allí se realiza.
En La Patagonia, desde comienzos de este 2026, se registran incendios forestales que han arrasado con más de 230 mil hectáreas.
Que el agua es un bien escaso y no renovable es un concepto arraigado en la zona de La Puna y en la Región Andina, que ven escasear ese vital elemento producto de la extracción de minerales en zonas de alta montaña, lo que genera una fuerte presión sobre las escasas reservas de agua dulce en ecosistemas frágiles. Este déficit se incrementa en las provincias cordilleranas debido al retroceso de glaciares.
La Llanura Pampeana sufre, al igual que las restantes zonas, el impacto de eventos climáticos extremos producto del cambio climático, lo que se agrava con el modelo de producción industrial. Sólo este año se registraron pérdidas muy significativas en los cultivos de soja y maíz, debido a las altas temperaturas. A su vez, el uso masivo de fitosanitarios, promovido por grandes firmas multinacionales, genera una degradación constante de los suelos y de la biodiversidad.
Y no escapa a esta realidad la cuenca de Matanza-Riachuelo, en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), que enfrenta una contaminación hídrica de proporciones preocupantes al tiempo que la situación se agrava por una mala gestión de residuos sólidos que impacta en las poblaciones limítrofes.
Estas problemáticas estuvieron presentes en la mirada de algunos representantes de los pueblos originarios que se ven expulsados de sus tierras, que muchas veces pretenden ser comercializadas por empresarios inmobiliarios que ven un valor hacia arriba, desconociendo el valor que está enterrado y que ha sido mantenido, cultivado y optimizado a lo largo de los siglos.
La calle, piel compartida
Todos esos temas, y algunos más, se dieron cita el martes en esa gran marcha que confluyó en la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, y las réplicas que se vivieron en otras provincias, en otros pueblos.
El acto central tuvo, como es lógico, el colorido de la masividad, expresado a través de las vestimentas, los cánticos, la música que le imprimían los grupos de tambores que desfilaban en una fuerte simbiosis colectiva.
A los colectivos de organizaciones de la sociedad civil, a los sindicatos, a las agrupaciones políticas y a sectores de la iglesia, los unió una venerable trinidad: la memoria, la verdad y la justicia.

Como ya expresáramos y como fue dicho una y otra vez desde el estrado, las diferencias, aun existiendo, cedieron terreno a estos tres pilares de la sociedad que tenían un corolario indispensable: el NUNCA MÁS.
Las organizaciones Abuelas de Plaza de Mayo y Madres de Plaza de Mayo reivindican la cifra de 30 mil personas desaparecidas durante la dictadura civil y militar, contrastando con las cifras oficiales que reconocen menos de 9 mil.
Recientemente, el Equipo Argentino de Antropología Forense logró identificar los restos de 12 personas desaparecidas (NN), cuyos cuerpos habían sido hallados en fosas comunes o en cementerios. Por otra parte, la labor incansable de Abuelas permitió que 140 jóvenes recuperaran su identidad y conocieran su origen.
Cuando aquella marea humana se retiró de los puntos de concentración, quedaron flotando innumerables fotografías, imágenes aéreas y multiplicidad de relatos convertidos en insumos que permitirán recordar la jornada.
Tal vez lo que de verdad importa es esa comunión de diversidades comprometidas con elaborar proyectos de vida colectiva, una pulseada desigual con una cultura hegemónica de saqueo sistematizado, de recursos y de identidades.