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Cilindro de Ciro. Foto: Wikipedia

UNESCO reconoce la relevancia histórica del Cilindro de Ciro el Grande

11 noviembre, 2025 | Ricardo Changala

El 6 de noviembre de 2025, en el marco de su 43.ª Conferencia General celebrada en Samarcanda (Uzbekistán), la UNESCO adoptó una resolución por la cual el Cilindro de Ciro el Grande fue reconocido oficialmente como uno de los primeros documentos de derechos humanos del mundo, símbolo de defensa de la libertad, la justicia y respeto a la diversidad cultural. [1]

La propuesta se presentó de manera conjunta por Irán, Tayikistán e Irak y fue aprobada por consenso de los Estados miembros, reconociendo al Cilindro de Ciro como “un documento fundamental en la historia de la civilización humana”, así como “la primera manifestación escrita de los principios de libertad, justicia, tolerancia y respeto a la diversidad cultural”.

Objetivos de la resolución de la UNESCO

La resolución menciona cuatro propósitos de este reconocimiento:

En primer lugar, se trata de destacar sus valores universales, ya que se concibe al Cilindro como una de las más antiguas cartas históricas que proclaman principios de tolerancia, justicia y respeto de la diversidad cultural y religiosa.

En segundo lugar, se trata de apoyar el mandato de la UNESCO, como entidad internacional que promociona la paz, el diálogo intercultural y el patrimonio común como fundamentos del desarrollo sostenible y de la paz.

Además, se pretende que los Estados que son parte de la UNESCO integren el legado del Cilindro en los programas educativos, culturales y de sensibilización pública.

Finalmente, se pretende relacionar al Cilindro con el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 16 (Paz, justicia e instituciones sólidas) y 17 (Alianzas para lograr los Objetivos) promoviendo sociedades inclusivas y la cooperación a través de la cultura.

Relacionado con los propósitos explicitados, la resolución adelanta cuatro posibles resultados a lograrse con el reconocimiento del Cilindro de Ciro en el marco de la UNESCO:

  • Potenciar el diálogo intercultural, promoviendo la visión de Ciro en favor de la coexistencia pacífica y la tolerancia entre pueblos de distinta condición cultural y religiosa;
  • Dar mejor a conocer el patrimonio común, recalcando la importancia de los objetos culturales que vehiculan valores universales de la humanidad;
  • Impulsar iniciativas educativas y culturales en distintos Estados Miembros que estén inspiradas en el mensaje del Cilindro y promuevan el respeto de la diversidad y el entendimiento mutuo;
  • Promover los objetivos de la UNESCO, vinculando las antiguas tradiciones de gobernanza ética con los retos del mundo contemporáneo para hacer realidad la paz, la justicia y la sostenibilidad.

La resolución tiene un párrafo final del cual se alienta a los Estados Miembros a que promuevan “un mejor conocimiento de la Carta del Cilindro de Ciro como una de las más antiguas manifestaciones del concepto de los derechos humanos, así como un mayor acceso a la Carta, en particular difundiéndola en múltiples lenguas con fines educativos y de conocimiento“.

Ciro el Grande

Ciro II, más conocido como Ciro el Grande (600 – 530 ac), fue el fundador del Imperio aqueménida, el primer gran imperio persa y uno de los más extensos del mundo antiguo.

Hacia 550 a. C., Ciro se rebeló contra su abuelo Astiages, rey de Media, y lo derrotó, uniendo así persas y medos bajo su mando.

A partir de entonces emprendió una serie de conquistas que dieron origen al mayor imperio de su tiempo: conquistó Lidia (en Asia Menor) en 546 a. C., Babilonia en 539 a. C., y extendió su dominio desde el mar Egeo hasta el valle del Indo.

En el año 539 a.C., tras entrar en la gran ciudad de Babilonia, Ciro el Grande promulgó un decreto por el que liberaba a varios pueblos, miles de cautivos fueron puestos en libertad y pudieron regresar a sus tierras ancestrales. Ciro trató de establecer un modelo de gobernanza que permitiera a diversos pueblos coexistir en condiciones de paz y respeto mutuo.

A partir de esa etapa, el reino aqueménida de Ciro el Grande abarcaba más de 70 comunidades étnicas y culturales. En varias fuentes históricas y religiosas, como textos sagrados judíos e islámicos, se evoca la figura de Ciro como la de un estadista, humanista y defensor de la libertad de culto, que respetaba los usos y credos de los pueblos de su reino.

De acuerdo con los registros del Museo Británico (lugar donde se encuentra el Cilindro de Ciro), este es un objeto de arcilla típico de las inscripciones reales del período neobabilónico, con un texto escrito para ser enterrado en los cimientos de la muralla de Babilonia.

El cilindro

Descubierto en 1879 durante una campaña de excavaciones del Museo Británico en Babilonia (actual Iraq), el cilindro de Ciro es hoy uno de los más célebres iconos de la antigüedad, descrito a menudo como la “primera carta de los derechos humanos”, símbolo del reconocimiento del pluralismo y la diversidad religiosa.

Se trata de un relato escrito en acadio que se ha conservado de forma incompleta con dos partes bien definidas.

En primer lugar se cuenta la historia del final del reinado de Nabónido el último rey de Babilonia (555–539 a. C.), había corrompido los cultos de los dioses babilónicos, incluido Marduk, el dios tutelar de Babilonia, e impuesto trabajos forzados a su población libre, que se quejó ante los dioses.

Los dioses respondieron abandonando Babilonia, pero Marduk buscó un campeón que restaurara las antiguas costumbres. Eligió a Ciro, rey de Anshan (Persia), y lo proclamó rey del mundo.    Entonces Ciro extendió su dominio sobre las tribus de Irán (descritas como gutios y ummanmanda), gobernándolas con justicia. Luego, Marduk ordenó a Ciro marchar sobre Babilonia, ciudad a la que entró sin combatir. Nabónido fue entregado en sus manos y el pueblo de Babilonia aceptó con alegría el reinado de Ciro.

A partir de este punto, el documento está escrito como si hablara el propio Ciro (“Yo, Ciro, rey del mundo…”), quien se declara adorador de Marduk, promotor de la paz en Babilonia, por lo cual abolió los trabajos forzados de su población. Además, afirma que ha restaurado sus templos y cultos religiosos, incluidos los de pueblos previamente deportados.

El texto concluye con una nota sobre las ofrendas adicionales de alimentos en los templos de Babilonia y un relato de la reconstrucción de Imgur-Enlil, la muralla de la ciudad, durante la cual se halló una inscripción más antigua perteneciente a Asurbanipal, rey de Asiria (668–627 a. C.).

Relevancia del Cilindro de Ciro

Se han presentado valoraciones diferentes, algunas contradictorias, sobre Ciro II y el alcance del documento incluido en el cilindro.

Es evidente que la antigüedad del texto, la falta de disponibilidad de la totalidad de su contenido, así como la intencionalidad política con la que se ha pretendido utilizar, han profundizado diferencias.

Parece claro, además, que no pueden utilizarse categoría del Siglo XXI para analizar un texto que tiene cerca de 2500 años de elaborado, lo cual no impide avanzar en su valor histórico y el sentido de tenerlo en consideración en el presente.

Más allá que el relato tiene evidentes contenidos de publicidad política hacia los habitantes de Babilonia, la UNESCO ha preferido hacer centro en otros aspectos, en especial destacando sus contenidos pioneros en términos de tolerancia y respeto a personas y culturas diversas a las del poder gobernante.

Sin perjuicio de que es altamente probable que estas medidas adoptadas por Ciro tuvieran el doble objetivo de posicionamiento político y personal, además de facilitar el control de la población por la vía de facilitar la integración en lugar de la represión, la opción tomada por el gobernante no deja de ser un episodio inédito para su época.

De la misma forma, aunque no sería adecuado pretender que Ciro propugnaba la abolición de la esclavitud, algo que sería ahistórico e indefendible a la luz de los datos objetivos, tampoco deja de ser extraordinaria la actitud del gobernante de liberar de la “servidumbre” a una parte de la población conquistada.

De acuerdo con la versión del museo británico, los párrafos 25 y 26 del cilindro expresan:

“Procuré la seguridad de la ciudad de Babilonia y de todos sus santuarios. En cuanto a la población de Babilonia […) que en contra de los dioses había soportado un yugo no decretado para ellos”.

“Hice que encontraran descanso de su agotamiento; los liberé de su servidumbre. Marduk, el gran señor, se regocijó por mis buenas obras”

Las ideas que contiene este documento marcan un hito en cuanto al reconocimiento de derechos de las personas y por ello se considera el primer documento sobre los derechos humanos.

Según la UNESCO, El Cilindro de Ciro es uno de los documentos de índole conceptual más antiguos y fundacionales de la civilización mundial, al tiempo que, para los pueblos de Asia Occidental y Central, constituye una excepcional fuente histórica y jurídica para estudiar el advenimiento de los primeros estados.

El Cilindro es expresión de la pertinaz tentativa de crear una gobernanza anclada en valores espirituales y éticos acumulados durante milenios.

No es casualidad, entonces, que una réplica del Cilindro de Ciro se encuentra en las Naciones Unidas, con traducciones a los seis idiomas oficiales de la ONU. Se suele afirmar que los primeros artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se inspiran, entre otras fuentes, en el cilindro de Ciro.

No obstante, no puede negarse que en este documento aparecen ideas que llaman la atención, como por ejemplo sobre la tolerancia y respeto de otros cultos o religiones:

Acad, la tierra de Eshnunna, la ciudad de Zamban, la ciudad de Meturnu, Der, hasta el límite de la región de Gutium —los santuarios al otro lado del río Tigris— cuyos santuarios se habían deteriorado hace tiempo,

A los dioses que habitaban allí los devolví a su hogar y les construí una morada eterna. A todo su pueblo lo reuní y los llevé de vuelta a sus viviendas (párrafos 32 y 33).

En una época cuando el derrotado era sometido totalmente al victorioso, las decisiones de Ciro incluidas en el cilindro no pueden menos que llamar la atención y merecer un reconocimiento histórico, tal y como lo ha hecho la UNESCO.

No menos relevante es destacar que estos antecedentes nos permiten sumar más argumentos y evidencias sobre la construcción colectiva e histórica de las sociedades actuales incluyendo sus elementos más característicos.

Todas las culturas, todas las sociedades, de una forma u otra son tributarias de otras, aunque desde algunas voces se pretenda sostener tesis de excepcionalidad o supremacismo.

Los derechos humanos, por ejemplo, no emergieron abruptamente en el siglo XX ni en el occidente del mundo, sin perjuicio de los grandes aportes realizados en esos momentos.

Finalmente, la lectura de este documento tan antiguo, no puede menos que interpelarnos sobre el presente, porque la vigencia de su contenido nos obliga a reflexionar como, a pesar de los innumerables recursos que se tienen actualmente, seguimos lejos de asegurar la convivencia, el respeto y la paz en el mundo.

[1]  UNESCO, Conferencia General 43ª reunión – Samarcanda, 2025 43 C/52, 20 de septiembre de 2025 Original: inglés